lunes, 5 de enero de 2015

Distorsiones navideñas



Turrones de Alicante, un papá Noel judío y Reyes Magos de Oriente. Con tanta mezcla es normal que la gente acabe confundiéndose y poniéndose gorros con forma de animales varios en la cabeza o comprándose jerséis con motivos navideños para la ocasión. Son cosas que, desde mi punto de vista, suceden por culpa de la Pirámide de Maslow. Y es que, cuando alguien tiene cubiertas todas sus necesidades, no hay nada mejor que llevar un Minion o un pavo en la cabeza, así te proteges del frío y además te ríes, tu y todo aquél que te ve pasar.

Cada año que pasa siento esto de la Navidad como algo más artificial, una excusa de las marcas que reactiva la inercia de la economía cíclica, viciosa y sin sentido que nos rodea. Estar viviendo en una gran ciudad como Madrid no hace más que confirmarme que nos hemos vuelto todos locos y que la razón de existir de cualquier ser humano que se valga es llegar a la Navidad siguiente.

En este país de pandereta, en el cual nos mantienen atrapados, puedes llevar dos años en paro y no te pasará nada excesivamente malo, pero estás perdido si no tienes un mínimo espíritu navideño. Salir a la calle es casi imposible, entrar a comprar aunque sea aquello que necesitas para seguir vivo muy complicado e intentar pasar estas fechas sin que alguien te recuerde que estas obligado a hacer regalos sería sospechoso.

Y con todo esto sigues pensando en la Pirámide para ver qué diantres vas a regalar este año. Entonces te haces esa pregunta de ¿qué necesitará? e inmediatamente te das cuenta que ya tiene de todo, así que pasas a concentrarte en el ¿qué le gustaría? Y cuando ya no puedes más tienes dos opciones: regalar ropa interior porque nunca está de más o algo en lo que jamás pensaría esa persona y quedar como el original de turno (al menos hasta que el año que viene te des cuanta de que aún no ha usado tu regalo para nada).

Con esta reflexión me planteo cómo invertir la Pirámide, cuando ya todas las necesidades están cubiertas, hasta las más superficiales, solo queda sorprender con cosas que no se compran. Cómo mente creativa os hago tres propuestas para los regalos del año que viene y para hacer que la Navidad vuelva a parecerme auténtica:

una frase contundente, de esas que consiguen dejarte pensando al menos hasta el año siguiente.

un momento de atención, el regalo perfecto para aquellas personas que solo ves en Navidad.

o un gesto de amabilidad, fantástico  para alegrarle el día a un desconocido y de paso sentirte un poquito mejor contigo mismo.

Porque la verdad es que la Navidad se compra, pero la felicidad no queda más remedio que crearla.

esCasanovas

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