Hace unos meses que estoy haciendo un cursillo intensivo de venta. El curso empezó cuando murió mi abuela. Mi herencia: el interior de un piso de 150m2.
¿Qué hago yo con toda esa basura?- pensaba-. Pero estamos en crisis así que aquí no se tira nada, por eso empecé a poner anuncios de venta de objetos de segunda mano.
Iban pasando por el piso los primeros personajes a llevarse los chollos que había anunciado. Las primeras lecciones fueron sobre necesidades básicas: todo el mundo necesita un colchón, si algun día necesitas dinero, vende tu colchón; y sobre como se regatea: nunca digas el precio que quieres que paguen, ellos se ocuparan de bajarlo y nunca lleves cambio encima, así te quedaras con los billetes enteros.
Pero la lección más grande me la dio Mara. Una mujer de mediana edad, con un hijo al que mantener y sin trabajo. Mara resultó ser una emprendedora.
Y es que todo el mundo habla de los emprendedores, ellos. Pero, ¿dónde estan las emprendedoras? Pues, como Mara, puede que estén ahí, en sus cocinas. Eso no quita que puedan tener buenas ideas y tratar de llevarlas acabo.
Mara tenia 50€ y tenía una idea: vender pasteles artesanales. Así que buscó un horno de segunda mano en Internet y me encontró a mi. Vino y se llevó su horno y ahora hace pasteles artesanales en su casa, los cuales vende por encargo.
Su don es la cocina, es lo que en marketing, en los análisis DAFO denominamos una fortaleza. Esas fortalezas hay que saber convertirlas en oportunidades.
La historia de Mara no habla de una mujer a quien les gustaba cocinar e hizo de su afición una profesión. Habla de aquello que deberíamos hacer todos los que estamos sin trabajo, de ver cual es nuestro don y buscar la forma de vendérselo al mundo.